Aquí tenéis una receta recomendada por el amigo Cutillas de CasaCuti, y solicitada por mi prima Ester.
Así que con todo mi cariño, para mis italianos favoritos!
INGREDIENTES - 1 Pollo (yo puse 2 porque éramos 9!)
- 1 lata de cerveza (o 1 por pollo), da igual la marca...
- Hierbas provenzales (tipo las de Directo al Horno de Maggi, o algo así)
- Aceite, Sal.
Es muy importante que en la carnicería digamos que queremos el pollo limpio por dentro, sin las patas y sin la cabeza. Que nos lo dejen bien arregladito ya, que por lo menos a mí no me gusta eso de ir descuártizando bichos (ya os contaré una experiencia traumática que tuve con una sepia).
Con el pollito bien limpito, procedemos a hacerle un masaje relajante (chiste fácil) con el aceite, y cuando esté bien pringoso le ponemos las hierbecillas y la sal.

Por otro lado, el bote de cerveza hay que limpiarlo muy muy bien, y forrarlo con papel de aluminio. Ojo con esto. Las latas las guardan en almacenes muy sucios, y luego nadie las lava (yo ya me quité la costumbre de beber de la lata directamente). Abrimos la lata, quitamos la anilla y guardamos en un vasito aparte la mitad de la cerveza del bote.

Ahora viene la parte xunga (o guay, según los gustos)... hay que meter la lata en el pollo... ya sabéis... Lo suyo es dejar la lata apoyada en la bancada y poner el pollo encima. Con un poco de maña, y decisión...
Pues nada, sólo queda meterlo al horno, en la parte de abajo, que tienen que caber de pie, a unos 150-180º, por lo menos 1 hora o hora media. A los 45 minutos de estar en el horno, lo abrimos y echamos lo que habíamos guardado de cerveza por encima y por el cuello del pollo.

Y ale, ahí los tenéis, la mar de formales, tiernos y jugositos... míralos qué majos!

Así que con todo mi cariño, para mis italianos favoritos!
INGREDIENTES - 1 Pollo (yo puse 2 porque éramos 9!)
- 1 lata de cerveza (o 1 por pollo), da igual la marca...
- Hierbas provenzales (tipo las de Directo al Horno de Maggi, o algo así)
- Aceite, Sal.
Es muy importante que en la carnicería digamos que queremos el pollo limpio por dentro, sin las patas y sin la cabeza. Que nos lo dejen bien arregladito ya, que por lo menos a mí no me gusta eso de ir descuártizando bichos (ya os contaré una experiencia traumática que tuve con una sepia).
Con el pollito bien limpito, procedemos a hacerle un masaje relajante (chiste fácil) con el aceite, y cuando esté bien pringoso le ponemos las hierbecillas y la sal.
Por otro lado, el bote de cerveza hay que limpiarlo muy muy bien, y forrarlo con papel de aluminio. Ojo con esto. Las latas las guardan en almacenes muy sucios, y luego nadie las lava (yo ya me quité la costumbre de beber de la lata directamente). Abrimos la lata, quitamos la anilla y guardamos en un vasito aparte la mitad de la cerveza del bote.
Ahora viene la parte xunga (o guay, según los gustos)... hay que meter la lata en el pollo... ya sabéis... Lo suyo es dejar la lata apoyada en la bancada y poner el pollo encima. Con un poco de maña, y decisión...
Pues nada, sólo queda meterlo al horno, en la parte de abajo, que tienen que caber de pie, a unos 150-180º, por lo menos 1 hora o hora media. A los 45 minutos de estar en el horno, lo abrimos y echamos lo que habíamos guardado de cerveza por encima y por el cuello del pollo.
Y ale, ahí los tenéis, la mar de formales, tiernos y jugositos... míralos qué majos!
